
Presentado por Susana Hernández.
En su libro “El mundo de ayer” Stefan Zweig describía con nostalgia la Viena de antes de la primera gran guerra europea. Hablaba de un mundo ordenado, seguro, próspero, con una gran cultura y una juventud creativa, con altas expresiones en el arte. ¿Qué era lo que sostenía aquel mundo feliz? Zweig afirmaba que el sostén era la fe en el progreso ininterrumpido e imparable que tenía para aquel siglo la fuerza de una verdadera religión cuyo evangelio parecía irrefutablemente probado por los nuevos milagros que diariamente ofrecían la ciencia y la técnica. Después de las dos guerras que arrasaron aquel mundo que se creía feliz, la fe en el progreso renació y tuvo una expresión peculiar en América Latina. El pensamiento del desarrollo que orientó gran parte de las políticas y las ilusiones en muchos países de esta región del mundo era una versión vernácula de la idea del progreso y también buscó tener como palancas la ciencia y la tecnología. .